lunes, 22 de septiembre de 2014

Color esperanza

Un viento fuerte golpeó su cara. Cerró sus ojos. Hizo que llorasen. Su sueño se apagó. Nada tenía ya sentido. Se acabó el camino y no supo por dónde seguir.

Oscuridad en sus sentimientos. No sabía lo que duraría aquel color tan horrible. No creía que cambiase nunca. Una paleta de colores sin más colores que el negro. La negativa como preferencia. Un signo que le restaba energía cada vez que intentaba sumar. Porque se le olvidó sumar.

Confusión. Inseguridad. Un asco que invadía su mente cada vez que pensaba en ser feliz.

Poco duró aquello. Pronto entendió que la vida es corta. Que la vida es lucha. Que la vida está llena de vida para quien quiere vivirla. Valor. Ganas. Hambre. Ilusión. -Empezar de cero cuesta pero nunca estamos solos- le dijeron. El cero es un valor nulo, pero no negativo, y depende de dónde se sitúe nos gustará más. Pongámoslo a la derecha y que multiplique nuestros sueños.

Su mente esclareció. La paleta de colores volvió a tener colores, incluso más de los que existían. Uno resaltaba sobre los demás. Color Esperanza lo llaman. La ilusión volvió a su ser. Ahora la siente, la disfruta y la saborea como unas mariposas en el estómago de un loco enamorado, por la vida.

Un aplauso por los que saben que tienen que luchar pero no saben cómo empezar. Por los que vuelen a sentir ilusión tras haber vivido un episodio gris. Por los que sienten una llama dentro que no quieren que se apague. Por los que luchan cada día por hacer sus sueños realidad.


martes, 5 de agosto de 2014

Il volto più bello della solitudine

(La cara más bella de la soledad)

Encontrarse con uno mismo. Compartir tiempo con “Yo” y conocerle, saber tratarle, aprender de él. Esa persona que está al otro lado del espejo y que nos acompaña durante toda la vida. Algunos han dejado de conocerla, otros simplemente no quieren. Tu más fiel compañero. Aquel que hace que la soledad nunca tome definición definitiva. Siempre está ahí. Apoyándote o torturándote.

Yo, te conozco un poco más. Cada vez estoy más a gusto contigo. Quizá algún día sea capaz de controlarte como a una marioneta pero todavía es pronto.

La noche. Un escenario magnífico para la soledad. Un cuerpo cansado. Una cama. El individualismo puro. No necesitamos a nadie para dormir una vez que cerramos los ojos. Tu imaginación vuela sin más ayuda que la de tu mente. Una única mente.

El miedo. Se apodera de nosotros. Solo tú puedes olerlo de esa forma tan personal. Nadie puede ahuyentarlo. Se alimenta de soledad, de la soledad que sentimos por dentro. Aún cautelados por la mejor centinela nos sentimos solos ante el miedo. Lo superaremos y nos hará fuertes como si del espartano número trescientos se tratase. Te lo agradecerás, porque tú has conseguido derrotarlo. Tú eres el vencedor.

El dolor. Sentimiento que nos marchita. Se contagia como la peste pero nadie puede curarla excepto tú. Te curarás. Lo superarás. Y serás otro espartano más. Crearás una coraza implacable que solo la soledad te ofrecerá tener.

El deseo. Se agarra de la mano de la soledad y pasean juntos. Deseo de tener. Deseo de poder. Deseo de querer. Deseo yo. El deseo seguirá presente se cumpla o no, enganchado a tu cuello como un macaco gritando, pidiendo alimento. Se alimentará, crecerá y se desvanecerá gracias al tiempo. El deseo en soledad es el más común entre los mortales.

La mentira. Si queremos que sea nuestra lo será. Nadie la conocerá. Nadie podrá opinar. Nadie la controlará excepto tu soledad. Será tu creación, como un hijo. Se nutrirá. Permanecerá. Evolucionará a tu antojo. Siempre en soledad.

La felicidad. Cantar bajo el agua sin pensar. Alzar la voz. Cantar. No hay nadie más en ese momento. No hay nada que te impida hacerlo tuyo. Absorber los rayos del sol tumbado bajo ellos. Escuchar música y sentir. Descansar en tu pensamiento. Ser feliz solo.

El esfuerzo, el autodidacto, el auto-entretenimiento, la auto-ayuda, el independentismo, todo esto se consigue en soledad con uno mismo y nadie más que ella nos lo puede enseñar.


Soledad se llama, “Yo” se apellida. Todos podemos tocarla, pocos saben disfrutarla.

domingo, 27 de julio de 2014

Colaboración especial de un vergonzoso. “RUIDOS” Y LETRAS

Muchas veces hemos preguntado "¿te acuerdas de esa canción?" O hemos dicho, "qué bonita es esa letra", e incluso alguna vez te habrás relajado o habrás estudiado con música clásica.

La música es algo que atrae, que une a las personas y amansa a las fieras.

¿Y el que compone? Aquel que hace música plasma en ella sus sentimientos y sus emociones según el estado de ánimo. Como diría un buen amigo “son canciones hechas con las tripas para ser escuchadas con el corazón”. Dicen que todos los compositores tienen algo en común, el corazón roto. Yo me lo creo. Tanto sentimiento tiene que venir de alguna herida abierta.


¿Y el oyente? El que escucha música siempre se siente identificado con alguna letra o tienen una melodía especial que le hace sentir más que otras. Recordará una canción por siempre si esta suena durante una etapa especial de su vida. La identificará con el aquel momento tan importante, tan feliz, tan triste.

Hay veces que las letras muestran nuestra propia vida sin ser escritas por nosotros y eso demuestra que al fin y al cabo todo somos iguales, con diferentes valores pero mismos sufrimientos, mismas inquietudes buenas y malas.

A los oyentes. Nunca dejéis de escuchar música, nunca dejéis de emocionaros. Nos salva en momentos difíciles y hace que nos reconciliemos con nosotros mismos. Nos lleva al éxtasis de la diversión o de la calma.

A los que hacéis música. No dejéis de hacerlo. Es muy gratificante y satisfactorio crear un buen tema, sacar las sensaciones que llevas dentro y transformarlas en una melodía o una letra. ¡Es increíble! Es un estilo de vida. Es un sueño. Mi sueño.

Os invito a intentarlo. Haced música. Evadíos, viajad a otros mundos. Nunca es tarde para empezar.






Un amante de la música

domingo, 20 de julio de 2014

El arte, la lealtad y el respeto visten con cinturón.

Había que proteger a Sho Tai, el último rey de Okinawa. Los samuráis se acercaban lentamente como una masa de hierro fundiéndose en el horizonte. Estaban decididos a atacar. No había un primer golpe. No existía un primer ataque. Había que esperar. Había que proteger al último rey.

No hay armas. Aislados. Desterrados por el tercer shogun Tokugawa, Tokugawa lemitsu, que no abdicó. Nunca lo hizo. La necesidad de defensa de los indígenas de Ryukyu, de los pechi, de los samuráis de Okinawa, les llevó a crear un arte basado en la fuerza, la sabiduría y con cierta magia. Un arte que fusionó lo mejor de las Islas Te y el kenpo.

Secuencias de golpes de puños y patadas inundaron el valle. Posturas impecables, implacables, rígidas y astutas. La coordinación de respiración, equilibrio y espíritu. Giros de cadera que levantaban el polvo haciendo caer a sus adversarios como si de un golpe de katana se tratase. Y es que ese mismo golpe era el objetivo. Golpes vitales, luxaciones, inmovilizaciones. Contundentes. Sin piedad. Movimientos fríos y calculados.

Respeto. Eso ganaron en cada batalla.

La era Meiji afianzó este arte y lo potenció en las escuelas. Con la prefectura de Okinawa a principios del siglo XX (abolición de los Han), se estableció el tuidi como parte del programa de educación física, que tras la segunda guerra mundial pasaría a llamarse Karate Do, el camino de la mano vacía, la mano que emerge al vacío, al todo, al absoluto. Filosofía, física y técnica se mezclan.
Aparecieron variantes y destacadas figuras de cada una de ellas, Kanryo Higaonna (Naha-Te), Anko Hitosu (Shuri-Te) y Kosaku Matsumora (Tomari-Te). Cada una era especial, particular, tanto en la técnica como en la práctica, pero ninguna perdía la esencia.

─ Yo lo haré ─ dijo Gichin Funakoshi. ─ Llevaré el karate a cada rincón de Japón ─ Aprendiz de Asato Anko y Anko Itosu, dos de los discípulos de los maestros precursores, hizo la primera demostración pública de este arte.
Kyoto, 1917. La impresión de los japoneses se veía es sus caras. Entre los espectadores, el príncipe heredero Hirohito. Funakoshi vestía un karategi blanco. Parecía estar hecho de una tela ligera pero resistente. El uwagi dejaba ver su pecho. La solapa izquierda cubría a la derecha, una herencia feudal para portar la katana y poder desenvainar sin problemas; un Obi negro de alpaca lo ajustaba a la cintura dejando ver un zubon cómodo y por encima de los tobillos que no le impediría dar patadas imposibles.
Nadie lo conocía pero todos oyeron hablar de él. Jano Kano quiso conocerle, ayudarle, promocionarle, aprender. El maestro precursor del Judo consiguió que Funakoshi llegase lejos. Consiguió a su lado expandir el karate. En sus pensamientos la claridad, “el purgar de uno mismo los pensamientos egoístas y malos. Porque solo con la mente despejada y consciente puede uno entenderse, así como el conocimiento que recibe”.

¿Cuál es la diferencia entre un hombre del Do y un hombre insignificante? ─ preguntó un karateca a su sensei. ─ Cuando el hombre insignificante recibe el cinturón negro primer Dan, corre rápidamente a su casa gritando a todos el hecho. Después de recibir su segundo Dan, escala el techo de su casa, y lo grita a todos. Al obtener el tercer Dan, recorrerá la ciudad contándoselo a cuantas personas encuentre.─ respondió continuando ─ Un hombre del Do que recibe su primer Dan, inclinará su cabeza en señal de gratitud; después de recibir su segundo Dan, inclinará su cabeza y sus hombros; y al llegar al tercer Dan, se inclinará hasta la cintura, y en la calle, caminará junto a la pared, para pasar desapercibido. Cuanto más grande sea la experiencia, habilidad y potencia, mayor será también su prudencia y humildad.


Y es que Funakoshi creía en la humildad como base interior y exterior a la hora de percibir, entender, y aprender el karate.

Hoy en día hay muchos estilos, muchas variantes y ninguna pasa desapercibida.

Sin extenderme más, aunque podría hacerlo, quiero darles protagonismo con esta entrada a todos los karatecas españoles que siguen este arte, siempre en la sombra, y destacar a los equipos nacionales que nos representan allá a donde van con constancia, trabajo y lucha por bandera en el estilo Shito ryu (fundado por el maestro Kenwa Mabuni), una mezcla filosófica de "paz y ayuda" y de técnicas de corta y larga distancia. 

Un arte. Un trabajo.

lunes, 14 de julio de 2014

L’insinuation

Hacerlo ligeramente. Introducirse en al ánimo sin hacer mucho ruido. Dar a entender aisladamente los deseos dando pasos sin tocar el suelo. Magia. Oscuridad. Suspense.

Incertidumbre parcial que el cerebro no asimila como tal. Cree saberlo todo pero la imaginación manda. Nada es tan real como creemos. Nada es tan verdad como queremos. Como un cuadro sin terminar. Como una sombra. Como una nube que toma diferentes formas dependiendo de los ojos que la miren.

Morbo. Vicio. Masoquismo. Pérdida del control. El despertar del apetito más placentero. Un lenguaje innato que nadie enseña y todos sabemos. Creación de nuestro cerebro primitivo de reptil. Condescendencia obsesiva y excesiva.

Una caricia, una mirada, un olor, un sonido, un sabor. El rojo. El negro.

Una postura descontrolada, redondeada, que puede parecer obtusa, imposible y vergonzosa en una situación de calma.

Imaginación desordenada. Ideas masivas. Como un tubo de botella. Como una marabunta de hormigas migratorias que devoran todo lo que encuentran a su paso. Abusar. Pasar los límites hasta rozar la obscenidad. Perder el recato.

Arte milenario que esculpe la imaginación, las emociones, los sentimientos. Virtud de no tantos para disfrute de muchos.

Un juego de estrategia en el que el objetivo es buscar la sumisión del adversario, su rendición, la entrega propia de su cabeza, de su voluntad, de su persona. El control como si de una marioneta se tratase. La creación de unos hilos invisibles que sujetan las extremidades haciéndolas bailar a su antojo.

La necesidad de sentirse vivo. De pensar y mal pensar. De escuchar cierto tipo de música.



lunes, 9 de junio de 2014

De fandangos va la cosa

Hoy quiero hacer mención a un Fandango de Huelva. 

Yo no quiero reavivar la llama de mi historia, ni llenar una ausencia como Pepe Isidro ha conseguido con este fandango en recuerdo de su padre, Paco Isidro. Me viene como anillo al dedo ya que rondan en mi cabeza pensamientos y sensaciones que parece que se van pero siguen ahí. Parece que cada mañana me cantan este fandango al oído.


Aunque me voy no me voy
aunque me voy no me voy
aunque me voy no me ausento
aunque me voy de palabra
pero no de pensamiento
aunque me voy no me voy

martes, 3 de junio de 2014

Lo que os echo de menos

Cuando las personas faltan no nos damos cuenta de lo importantes que son para nosotros.
Para mí estas personas eran lo más grande. Como unos padres con mucho derecho al roce y al cariño. 
No sabemos la labor tan importante que hacían en nuestra vida hasta que se van.

Les perdí cuando creía que no les necesitaría pero me equivoqué. Cada año que pasa les necesito más que nunca. 

Tengo tantas cosas que contaros y tantos consejos que pediros.

El tiempo solo nos acostumbra a la rutina pero no nos hace olvidar ni dejar de necesitar a aquellos a los que queremos de verdad.

Allá donde estéis os mando un abrazo enorme de aquellos que tanto me pedíais y un beso de esos que tanto me costaba dar, y os pido perdón por ser tan ingenua.





Siempre conmigo...